Sólo el silencio

Aunque la realidad del ser ha sido establecida de muchas maneras,decirlo no es suficiente: el ser sólo es conocido por experiencia propia.

Sri Bhagavan Ramana Maharshi

ॐ नमः शिवाय

domingo, 15 de mayo de 2011

UPADESA (Jñana Yoga -24-) Enderezar la perspectiva

24.- Desde el punto de vista del instrumento material y sutil, 
existe diferencia entre el jiva e Ishvara, 
pero desde el punto de vista de su verdadera naturaleza, 
sólo existe la Realidad Suprema.

Lo único que resta, lo que nos falta para sabernos realizados desde el principio de los tiempos, es ENDEREZAR LA PERSPECTIVA, ver y asumir la Realidad como el Sí mismo y partir de allí para reconocer la existencia como una manifestación natural y espontánea de nuestro propio ser.

¡Sólo existe la Realidad suprema!

Esta afirmación sintetiza toda la enseñanza, engloba el espíritu de todo el poema que estamos analizando (Upadesa Saram), y por ello aparece a esta altura para reafirmar el conocimiento esencial o básico y aclarar definitivamente que para la visión iluminada todo existe en un plano de completa igualdad;  jiva, ishwara, el mundo, el ego, etc., y existen solamente e inequívocamente como aspectos relativos del único ser, indiviso, absoluto y total.

Comúnmente decimos, y aquí mismo lo hemos hecho anteriormente, que la Verdad de lo que somos no puede jamás ser expresada, que no puede ser descripta o manifestada de ninguna manera... Y esto debe entenderse muy bien antes de continuar: lo que somos ya está siendo expresado, manifestado totalmente y plenamente, de la única manera que puede ser representada, como la unidad, la única REALIDAD que finalmente existe.

No puede encerrarse entre conceptos, palabras ni doctrina alguna porque precisamente, éstas son herramientas o medios para el conocimiento objetivo, utilizados por el intelecto para tratar de definir lo indefinible, lo incognocible, la esencia de esta representanción existencial que le toca presenciar.

Desde el punto de vista individual no hay respuesta posible, ni realización que pueda ser alcanzada por otro medio que la total entrega de ese individualismo, en el que nos situamos al identificarnos con el cuerpo-mente o vehículo conocedor.

Usted debe librarse de la idea de que todavía es un ajnani 
para realizar al Yo.
Usted es el Yo.
¿Hubo alguna vez un tiempo en que usted existió 
independientemente del Yo?
Sri Ramana Maharshi

El Maestro insiste y afirma desde las alturas de la realización, que no hay otra existencia que aquella que nosotros mismos convalidamos al hacer ejercicio de esa consciencia (YO SOY).

Como individuo nadie es nada y Dios, el Ser, lo es TODO... Sin embargo como el Todo, es decir, desde una perspectiva no condicionada por el medio de conocimiento, somos UNO sin segundo y podemos comprender sin conceptos, directamente, e identificarnos con la existencia en su totalidad perfectamente, realmente, plenamente.

Como decía Sri Nissargadatta Maharaj, nuestra existencia transcurre entre esa conciencia espiritual (el corazón) que dice YO SOY TODO, y la mente lógica y estructurada (el intelecto), que al llegar a un punto determinado del análisis y la investigación no tiene otra salida que afirmar: YO SOY NADA... "Entre ambos transcurre mi vida", decía Maharaj, y es que entre esas dos perspectivas contrapuestas y complementarias a la vez, se debate el jñani en la difícil senda del autoconocimiento.

De allí se explica esa actitud en apariencia tan extraña y contradictoria de los "jivanmuktas", liberados en vida, de vivir esta experiencia existencial con total desapego y abandono, pero sin desprecio, sino al contrario, con profundo amor, respeto y continua reverencia hacia aquello que no puede ser expresado de otra forma que como lo hace en cada detalle de la vida cotidiana, siempre en UNIDAD, en PLENITUD, en la más perfecta armonía y orquestación, inconcebible para nosotros, pero totalmente experimentable si alcanzamos a estabilizarnos en ese estado natural que nos devolverá gradualmente a la unidad esencial, a la base de nuestro ser total y absoluto, al sólo ser que tanto anhelamos.

El Conocimiento es el de siempre, pero ahora que lo vimos y lo reconocimos personificado dulcemente en la figura del Maharshi, tenemos que aprender, nobleza obliga, a darle su justo valor, su lugar preponderante en nuestras vidas, a apoyarnos en él como nuestra perspectiva principal, como la base existencial desde la que partimos cada día, a cada instante.

Al ir madurando comprendemos que no hace falta ser una especie de semidios, ni obrar milagros para vivenciar esta unidad en nuestra vida; basta con permanecer alineados a la realidad que nos rodea a cada instante y en la que existimos sin otra separación que la conceptual, que la que impone el conocimiento relativo.

El conocimiento del ser no es algo que tengamos que obtener o que nos falte, sino algo básico y esencial para todos nosotros, y es, en todos los órdenes de la existencia tan común y continuo, que hemos dejado de tenerlo en cuenta, como se explica en la parabola del décimo hombre que magistralmente cita el Maharshi.

Brahma-jnana no es un Conocimiento que tenga que ser adquirido, 
de manera que, al adquirirlo, uno pueda obtener la felicidad. 
Es la propia visión ignorante de uno lo que uno debe abandonar. 

El Sí mismo que usted busca conocer es verdaderamente usted mismo. 
Su supuesta ignorancia le causa a usted una innecesaria aflicción, 
como la de los diez hombres necios que lamentaban la «pérdida» 
del décimo hombre que nunca se había perdido.

Los diez hombres necios de la parábola vadeaban un arroyo y, 
al alcanzar la otra orilla, querían asegurarse 
de que todos ellos habían cruzado a salvo la corriente. 

Uno de los diez comenzó a contar, 
pero al contar a los otros se excluyó a sí mismo de la cuenta. 
«Yo veo solo nueve; ciertamente, hemos perdido a uno. 
¿Quién puede ser?» dijo.
 «¿Contaste correctamente?» preguntó otro, e hizo el recuento él mismo. 
Pero, él también, contó sólo nueve. 

Uno detrás de otro, cada uno de los diez, contó solo nueve, olvidándose de sí mismo. 
«Nosotros somos solo nueve», acordaron todos; 
«¿pero quién es el que falta?», se preguntaban. 

Todo esfuerzo que hicieron para descubrir al individuo «que faltaba», fracasó. 
«Quienquiera que sea se ha ahogado», dijo el más sentimental de los diez necios, 
«le hemos perdido». 
Al decir esto, estalló en lagrimas, y los nueve restantes le siguieron.

Viéndoles llorar a la orilla del río, un compasivo viajero les preguntó la causa. 
Ellos contaron lo que había ocurrido, 
y dijeron que incluso después de contarse varias veces, 
no pudieron encontrar más que nueve. 

Al oír la historia, pero viendo a los diez ante él, 
el viajero adivinó lo que había pasado. 
Para hacerles saber por sí mismos que eran realmente diez, 
y que todos ellos habían salido ilesos de la travesía, el viajero les dijo, 
«Que cada uno de vosotros cuente por sí mismo, 
pero uno detrás de otro en serie, uno, dos, tres y así sucesivamente, 
mientras que yo os daré a cada uno una bofetada 
de manera que todos vosotros podáis estar seguros 
de haber sido incluidos en el recuento, e incluidos solo una vez. 
Entonces el décimo hombre “perdido” será encontrado». 

Al escuchar esto, ellos se alegraron ante la perspectiva 
de encontrar a su camarada «perdido» 
y aceptaron el método sugerido por el viajero.

Mientras el buen viajero daba una bofetada a cada uno de los diez en fila, 
el que recibía la bofetada se contaba en voz alta. 
«Diez» dijo el último hombre cuando recibió la última bofetada en la fila. 
Perplejos, se miraron unos a otros, «Nosotros somos diez» 
dijeron con una sola voz y agradecieron al viajero haber eliminado su aflicción. 

Esa es la parábola. ¿De donde fue traído el décimo hombre? ¿Se había perdido nunca? 
Al saber que había estado allí todo el tiempo, ¿aprendieron ellos algo nuevo? 

La causa de su aflicción no era la perdida real de ninguno de los diez, 
era su propia ignorancia, o más bien su mera suposición 
de que uno de ellos se había perdido 
—(aunque ellos no podían encontrar quién era)— 
debido a que contaban sólo nueve.

Tal es también el caso con usted. 
Verdaderamente no hay ninguna causa para que usted sea miserable e infeliz. 
Usted mismo impone limitaciones a su verdadera naturaleza de Ser infinito, 
y entonces llora porque usted es solo una criatura finita. 

Entonces usted emprende esta o aquella sadhana para trascender 
las limitaciones no-existentes. 

Pero si su sadhana misma asume la existencia de las limitaciones, 
¿cómo puede ella ayudarle a trascenderlas?

Por consiguiente, yo digo, sepa que usted es el Ser puro e infinito, 
el Sí mismo Absoluto. 

Usted es siempre ese Sí mismo y nada sino ese Sí mismo. 
Así pues, usted no puede ser nunca realmente ignorante del Sí mismo; 
su ignorancia es meramente una ignorancia en apariencia, 
como la ignorancia de los diez necios sobre el décimo hombre «perdido». 
Es esta ignorancia la que les causaba la aflicción.

Sepa entonces que el verdadero Conocimiento no le crea un Ser nuevo, 
sino que sólo elimina su «ignorancia ignorante». 

La Felicidad no es agregada a su naturaleza, 
sino que simplemente se revela como su Estado natural y verdadero, 
Eterno e Imperecedero. 

La única vía para librarse de su aflicción es Conocer y SER el Sí mismo. 
¿Cómo puede ser esto inalcanzable?

El Maharshi nos abofetea una vez más, uno tras otro, con infinita paciencia, para ayudarnos a descubrir el error original y a comprender definitivamente que en nosotros mismos está la respuesta tan anhelada, que parecía oculta, por haber perdido de vista los hechos y sobre todo EL HECHO fundamental en el que todos los demás se apoyan (...) y haber omitido la pregunta, la correcta pregunta, la constante pregunta que debemos hacernos sin cesar: ¿quién soy yo?.

Desde la perspectiva del que percibe hay diferencia entre la ola y el océano, pero desde la de aquél que está dentro, no nadando, sino flotando sin esfuerzo, plácidamente... ¡No existe más que el mar por todas partes!

La diferencia o dualidad entre la ola y el océano, es la misma que existe entre Jiva e Ishwara, y es siempre relativa al observador diferenciado, mientras que su unidad es absoluta, es decir, trasciende las asociaciones y condicionamientos con que son evaluados y desde el punto de vista del conocedor.

El individuo sólo puede existir en comparación con lo indiviso, con la totalidad, por eso se dice que nace, se desarrolla y muere, o se funde finalmente en lo global, en la unidad, una vez que concluye su ciclo de manifestación... Pero esta apreciación es sólo desde el punto de vista del cuerpo-mente que se sitúa como conocedor, y no existe desde la Conciencia que abarca todos los grados de realidad, todo el espectro de la manifestación y del ser potencial, en su conjunto.

Cuando al Maharshi se le preguntaba acerca de la Realidad, si era espiritual o material, respondía:

Que sea material o espiritual, 
eso está de acuerdo con la perspectiva de usted. 
Drishtim jnanamayim kritva, pasyet Brahmamayam jagat.


Enderece su perspectiva, 
el Creador sabe cómo cuidar de su creación.


Sri Ramana Maharshi

Desde el punto de vista del Yo, antes del primer pensamiento, no hay nacimiento ni muerte, ni cielo ni infierno, ni alma individual, ni reencarnación!

La consciencia siempre es conciencia de sí mismo ... Si somos conscientes de algo, primero esencialmente lo somos de nosotros mismos... Esa Consciencia base o primordial no es otro que el Yo puro! ¡No hay nada más allá!

Conocer el Sí mismo, el Yo real, es SERLO y no hay otra manera de abordarlo.

¡No hay nada más que la Realidad Suprema!

... Y desde esa perspectiva, desde la no dualidad o Advaita, el Gurú Supremo nos dice sin palabras, en silencio, sin otro vehículo que esa dulce mirada de quien se ama a sí mismo en lo que contempla: ¡TAT TWAM ASI - TÚ ERES AQUELLO!


OM

Brahmanandam parama-sukhadam
kevalam jñanamurtim
dwandatitam gaganasadrisham
tattwamasyadi lakshyam

Ekam nityam vimalam achalam
sarvadhi sakshibhutam
bhavatitam
trigunarahitam
sadgurum tam namami

OM

TRADUCCIÓN DE GURU STOTRAM
( HIMNO AL GURU )

Yo reverencio al Real Maestro
que posee la dicha de estar establecido en Brahman,
al que otorga la Suprema Felicidad, al Absoluto,
al que es el Conocimiento Supremo personificado,
al que está libre de dualidad, que es como el éter
y que tiene como lema principal "Tú Eres Aquello",
al que es Uno indiviso, eterno, puro, inamovible,
al que es testigo de todo intelecto,
al que está más allá de los estados
y que está desprovisto de los tres gunas.



OM NAMAH SHIVAYA

OM NAMO BHAGAVATE SRI RAMANAYA

HARI OM TAT SAT

OM SHANTI, SHANTI, SHANTIHI


viernes, 6 de mayo de 2011

UPADESA (Jñana Yoga -23) Sólo existe el Ser

23.-  ¿Existe otra conciencia que ilumina la existencia? 
No la hay, pues la existencia es conciencia 
y la Conciencia sólo es el Ser.

Ya hemos visto que en el proceso de conocimiento la dualidad es ineludible... El conocedor es lo sensible, aquello que posee en sí mismo la cualidad de conocer y experimentar, mientras que lo conocido es siempre inherte, insensible.

Lo sensible y lo insensible no pueden cohexistir, al igual que la luz y la oscuridad no pueden ser al mismo tiempo.

La luz posibilita la aparición visual de los objetos y éstos sólo pueden al sumo, reflejarla... Así los instrumentos como el cuerpo y la mente, que no son más que objetos en definitiva, aparecen como sensibles solamente al ser iluminados o reconocidos por la Conciencia, aunque una seria investigación descubre inmediatamente su falsedad.

Siguiendo esta línea analítica: ¿pueden coexistir dos sujetos conocedores, sensibles a la vez uno del otro como siguiendo una escala o jerarquía que aparece de menor a mayor?

La respuesta es obvia: no puede existir un segundo sujeto o conocedor supremo cuya visión supere y trascienda la perspectiva relativa o condicionada del observador diferenciado.

Esta dualidad no puede existir más que en la ilusión creada por esta misma creencia... Por la noción egoica de que el instrumento es el conocedor, el hacedor, el yo inferior alineado con Lo superior.

Así llegamos a determinar que el individuo, el ego, el objservador y todo ser que aparezca como sensible, no es finalmente más que la única Conciencia, Siva mismo, el Ser Absoluto que existe como unidad y resiste la presunción de diversidad creada y superpuesta por el observador diferenciado.

Por eso, el Maharshi nos recuerda a esta altura que las percepciones sensoriales no son más que conocimiento indirecto y que sólo la propia conciencia del Yo es conocimiento directo, completo, sin lugar a dudas, real.

No se necesita instrumento alguno para conocer al Yo, sólo reconocer esta aptitud inherente y hacerla efectiva.

Existir es ser consciente de esa existencia... Reconocer esa experiencia como previa a este conocimiento implícito, como la base inmutable sobre la que aparece esta intuición, esta sensación de ser, desde la interacción con el conjunto de objetos percibidos.

Nuestra verdadera naturaleza es Existencia y Conciencia, es el Sat-Chit-Ananda de la Vedanta, donde Felicidad (ANANDA) es la resultante natural de la permanencia en el mas puro Conocimiento (CHIT), persistiendo como la única Existencia (SAT) indiferenciada.

Por eso el Sadgurú remata el verso reafirmando que la Conciencia sólo es el Ser, porque estamos habituados a confundirla con esa otra conciencia que sólo es un reflejo de aquella y a la vez es variable y medible de acuerdo a su contenido en constante cambio.

Y es que es importante a esta altura, que el aspirante (jñani) reafirme y confirme en profunda meditación, que  la conciencia jamás es afectada por lo que refleja, así como el sol nunca sufre en sí mismo las modificaciones que se perciben en su reflejo sobre la superficie del lago agitado por la brisa o el fuerte viento.

La conciencia que se expande como SAT y se repliega como ANANDA, sólo puede ser reconocida como CHIT, como ES en su estado puro, sin desdoblamientos ni superposiciones, sino simple y desnuda, como es en sí misma, como el Atman supremo.

El Atma es siempre Sat-Chit-Ananda. 
De éstos, los dos primeros se experimentan en todos los estados, 
mientras que el último se dice que 
sólo se lo experimenta estando dormido.

Surge el interrogante sobre cómo la naturaleza verdadera del Yo 
se la puede perder en los estados de vigilia y onírico. 
Realmente hablando, no se la pierde. 

Estando dormido no existe la mente, 
y el Yo brilla como el Sí Mismo, 
mientras que en los otros dos estados 
lo que resplandece es la luz reflejada del Yo. 

La Ananda se siente después que, 
en el sueño, cesan los pensamientos.

Sri Ramana Maharshi

Este Atman que trasciende los tres estados y subsiste más allá de cualquier modificación de la ignorancia, es siempre puro e incognoscible, por lo que se lo indica como la suprema tríada (sat-chit-ananda) y su naturaleza no puede ser otra que la del Yo real.

La filosofía Vedanta nos enseña que el Yo es eterno, sin cambios y autoexistente... Esta autoevidencia hace que no se necesite otra conciencia para reconocerlo y admitir su existencia, que pasa así a ser IRREFUTABLE.

Basada en esta verdad indiscutible es que afirma como un hecho concreto y comprobable, que quitando todo lo superpuesto, todo condicionamiento agregado con posterioridad a esta conciencia, resplandece sin más el Yo real, el puro ser que queda como residuo de la devastación total.

Al no existir otra conciencia que ilumine su existencia, su pura presencia se traduce automáticamente como plenitud (Purnam), felicidad y paz permanentes, y esto no es otra cosa que la meta, la realización tan anhelada.

Lo único que necesitamos para  realizar al individuo como el Yo real es desilusionarnos del no-ser, dejar de creer en lo irreal, y desechar toda esperanza de trascendencia como la persona esclavizada o el buscador.

Nunca tenemos que perder de vista el hecho de que no podemos realizarnos como individuos... La entidad conceptual no puede llegar a lo que ansía, porque lo que precisa es receder a su estado anterior existencial, a lo que era antes de su nacimiento o surgimiento.

Cuando el buscador se reconoce como lo buscado, desaparece.

Todo objeto nace a la espera de su realización para desintegrarse y reabsorberse en su fuente original... Es por eso que podemos tomar cualquiera de ellos y utilizarlo como "guía" para la indagación, ya que al preguntar sobre su origen nos mostrará el camino inequívocamente, instintivamente, naturalmente.

Habida cuenta de ello, no debemos tomar al ego como un obstáculo ni como un medio de realización, sino como una guía, un punto de referencia para hallar su origen y surgimiento, e investigar "in situ" a su predecesor.

Si hay una meta que alcanzar, ésta no puede ser permanente.
La meta debe existir allí ya. 

Procuramos llegar a la meta con el ego, 
pero la meta existe antes que el ego. 
Lo que existe en la meta es incluso anterior a nuestro nacimiento, 
o sea, al nacimiento del ego. 

El ego parece que también existe 
porque nosotros existimos.

Sri Ramana Maharshi

Rastreando al ego volvemos sobre nuestros pasos de manera directa, sin necesidad de un análisis exhaustivo o detallado, sino cortando por lo sano la desviación que nos condujo a nuestro actual estado de falsa identificación.

Así naturalemnte, del modo más simple y directo, sin ninguna clase de rodeos, aunque parezca reiterativo por momentos, el Gurú nos ha conducido hasta el punto en que debemos permanecer en la santa espera de Su Gracia para realizarnos.

Ahora nos sostiene ahí mismo, compasivamente, con la paciencia y la pureza de sentimiento que sólo puede provenir de un corazón completamente libre de egoísmo, de engaño, de ignorancia... Y así lo hace porque a través de Su santa presencia y su plena potencia puede sostenernos allí donde no hay más medios ni palabras, donde sólo nos resta continuar diluyéndonos naturalmente como un cubo de hielo en un vaso de agua, o aquella muñeca de sal que había decidido tomar un baño de mar hasta disolverse completamente en el océano.

El lapso restante hasta la realización definitiva dependerá del tamaño de cada cubo de hielo, de cada uno en particular, pero seguro que no tendrá ya ninguna importancia para nosotros, porque en esta espera a los Pies del Gurú, en este estado de Gracia al que nos ha conducido, ya no hay tiempo, ni mundo, ni mente que puedan presionarnos ni confundirnos.

Aquí ya no hay nada más que Su Silencio acogedor, aquí no hay nada mas, pues aquí-ahora podemos experimentar la Existencia como Conciencia... y la Conciencia como sólo SER!


TAT TWAM ASI! 

TÚ ERES AQUELLO!



OM NAMAH SHIVAYA

OM NAMO BHAGAVATE SRI RAMANAYA

HARI OM TAT SAT

OM SHANTI, SHANTI, SHANTIHI

jueves, 28 de abril de 2011

UPADESA (Jñana Yoga -22) Yo soy

22.- Yo soy la Existencia Una, no el cuerpo, 
los sentidos, aires vitales, intelecto e ignorancia, 
pues ellos son inertes y de hecho, 
inexistentes.

Yo soy es lo primero que viene a la existencia... El primer reflejo que percibimos al salir del sueño profundo es esta sensación de ser y conocer los diversos estados de aproximación a esta experiencia.

La noción "yo soy", seguida del pensamiento "yo sé que soy", es lo primero que nos ocurre como individuos, en este mundo virtual, en esta selva de pensamientos en la que despertamos súbitamente.

Y también esta conciencia YO SOY es lo último que experimentamos antes de pasar al estado de sueño, por lo que se infiere que esta cualidad perceptiva subsiste en estado potencial, aún ante la ausencia de objetos que captar, más allá de los tres estados de la mente (vigilia, sueño y sueño profundo).

Los conceptos de ausencia y presencia se refieren siempre a la cognitividad que aparece como una atribución del intelecto y de la estructura psicofísica que la sustenta.

No es la conciencia la que se regenera en cada estado, sino los estados los que se suceden sobre la misma conciencia, sobre una única base existencial, uno tras otro, guardando estricta correlación con la aptitud energética del cuerpo físico para moverse o expresarse.

Resulta inverosímil que esta conciencia permanente y trascendente a la vez a toda modificación circunstancial, pueda llegar a identificarse con los componenetes de la visión transitoria y relativa como la que proviene de la individualidad, de este mal sueño inconsistente y pasajero.

Así lo expresa el Acharya de Siva, Sri Sankara, en los versos iniciales del Aparoksha Anubhuti, donde reafirma su identidad basándose en la única existencia que se puede corroborar como omnipresente e independiente del tiempo y el espacio, la única realidad continua y completa, que está siempre aquí y ahora sin excepción.

¡Que extraño que un individuo, sabiendo muy bien 
que su cuerpo le pertenece, como cualquier mueble, 
siga conforme con la idea de que él es el cuerpo!

Soy en verdad Brahman, siendo ecuánime e imperturbable; 
mi naturaleza es Existencia, Conocimiento y Beatitud. 
No soy el cuerpo (en ninguna forma, ya sea densa, sutil o causal) 
que es la inexistencia misma. 
A esto los sabios llaman el verdadero Conocimiento.

Soy invariable, sin forma, inmaculado y eterno. 
No soy el cuerpo que es la inexistencia misma. 
A esto los sabios llaman el verdadero Conocimiento.

Soy inmune a toda enfermedad, soy inconcebible 
(porque soy el único y eterno sujeto), libre de alternativas, 
y soy Aquel que da sentido a todo y penetra todo. 
No soy el cuerpo que es la inexistencia misma. 
A esto los sabios llaman el verdadero Conocimiento.

Sin atributo o actividad, soy el eterno, 
el siempre libre y el imperecedero. 
No soy el cuerpo que es la inexistencia misma. 
A esto los sabios llaman el verdadero Conocimiento.

Soy libre de toda impureza, soy inmóvil, ilimitado, 
sagrado, sin vejez e inmortal. 
No soy el cuerpo que es la inexistencia misma. 
A esto los sabios llaman el verdadero Conocimiento.


Sri Sankarâchârya
APAROKSHA ANUBHUTI
La Realización Directa del Ser

La inexistencia del cuerpo y sus adjuntos puede ser probada sencillamente al investigar lo que sucede en el sueño profundo, cuando la mente y todo lo demás desaparece sin afectar la continuidad y plenitud existencial de la conciencia que los anima.

Por eso recalca el Maharshi en el verso inicial, que los elementos que componen esta falsa noción del ser individual o ego, son inhertes (y de hecho inexistentes), ya que es un hecho concreto y comprobable que carecen de sensibilidad y de sustancia cuando están separados de la conciencia.

El temible ego no existe en realidad... Su existencia no puede ser probada porque proviene de la ignorancia de nuestra real naturaleza, del olvido circunstancial de nuestra verdadera identidad.

Al constituir simplemente una falacia, una intuición creada artificialmente por el intelecto, no tiene realidad alguna y por lo tanto, no puede ser combatido ni destruído de otra manera que a través del convencimiento correcto, del verdadero conocimiento.

Si en lugar de resistirlo y darle entidad lo apreciamos como un efecto de una causa suprema y primordial, en la que se origina y se pierde cíclicamente, se trasformará en una instancia más a superar y trascender en el arduo sendero del autoconocimiento.

Cualquier intento de destruirlo o contrarestar sus nocivos efectos no hará más que fortalecerlo, pero si se lo interroga y se investiga acerca de su origen desaparecerá sin duda alguna, como un espejismo desaparece al acercarnos y constatar su falsedad.



Si al Yo lo miramos como el ego, 
entonces nos convertimos en el ego, 
si lo miramos como la mente 
nos convertimos en la mente, 
y si lo miramos como el cuerpo 
nos convertimos en el cuerpo. 

El pensamiento es el que crea las envolturas de tantos modos... 

No repare en el ego 
ni el accionar de éste, 
vea sólo la luz, que está detrás. 

El ego es el pensamiento del Yo. 
El verdadero "yo" es el Yo.


Sri Ramana Maharshi

Buscamos al Yo con el Yo, como quien busca los lentes que tiene sobre la nariz... Al enfrentar al ego desde la perspectiva de la conciencia, este fantasma transitorio se esfuma, como lo hace la ilusión proyectada sobre la realidad al ser abordada por un medio válido de conocimiento.

Así como la cuerda que creíamos una amenaza, acaba con la ilusión de la serpiente sin contradecir su aparición o existencia transitoria, así la Vedanta constituye el medio válido de conocimiento para dejar atrás la ilusión del ser individual sin darle entidad alguna a aquello que es simplemente producto de una falsa noción, de un error de apreciación.

Realizando al individuo como el Yo transitorio (aham), se desemboca en el substratum y allí desaparece todo tipo de conocimiento o comprensión que pueda llegar a trastocar la visión limpia y pura de la Verdad definitiva ... Y entonces sólo queda la realidad de fondo, la única existencia en su estado natural de sólo ser.

Hasta haber dejado atrás el poder de cognitividad tan atrayente y exclavizante, no podremos saborear lo incognoscible, no llegaremos a vivenciar nuestra esencia tal cual es, simple y desnuda, plena, total.

Desde el punto de vista individual y transitorio no podemos apreciar lo trascendente, lo más simple y completo de todo, lo uno sin segundo...

¡YO SOY LA EXISTENCIA UNA, todo lo demás es mental, es inherte y de hecho inexistente!


Los ojos no me disciernen.
Los oídos humanos son sordos a mi silencio.
No soy ni de la tierra, ni del aire, ni del agua, ni del fuego. 
Los que quieren nombrarme quedan reducidos al silencio, 
porque soy el Conocimiento, 
la Vida, 
el ABSOLUTO.
Shankara




TAT TWAM ASI! 
TÚ ERES AQUELLO!



OM NAMAH SHIVAYA

OM NAMO BHAGAVATE SRI RAMANAYA

HARI OM TAT SAT

OM SHANTI, SHANTI, SHANTIHI


jueves, 21 de abril de 2011

Y la verdad los hará libres!

La verdad que debemos conocer para ser hechos libres

Puesto que el auto-conocimiento verdadero es por lo tanto el estado en el que nuestra consciencia individual, nuestra mente o ego, es conocida como una apariencia falsa que nunca existió excepto en su propia imaginación, Sri Ramana a menudo lo describe como el estado de «no-egoidad», «pérdida de individualidad» o «destrucción de la mente». Otro término que se usa comúnmente, tanto en el budismo como en el vedanta advaita, para describir este estado de aniquilación o extinción de nuestra identidad personal, es nirvana, una palabra que significa literalmente «apagado» o «extinguido». 

Éste es el mismo estado al que la mayoría de religiones se refieren como «liberación» o «salvación», debido a que solo en este estado de auto-conocimiento verdadero estamos libres o salvados de la esclavitud de tomarnos erróneamente por un individuo separado, una consciencia que está confinada dentro de los límites de un cuerpo físico.

La única realidad que existe y es conocida en este estado de no-egoidad, nirvana o salvación es nuestra consciencia fundamental y esencial «yo soy». Puesto que no se identifica a sí misma con ningún adjunto limitativo, nuestra consciencia esencial y pura «yo soy» es un todo único, indiviso e ilimitado, del que nada puede existir separado. Toda la diversidad y multiplicidad que parece existir mientras nos identificamos con un cuerpo físico, es conocida solo por nuestra mente, que es meramente una forma distorsionada y limitada de nuestra consciencia original «yo soy». Si esta consciencia «yo soy» no existiera, nada más podría parecer existir. Por lo tanto, nuestra consciencia fundamental «yo soy» es la fuente y origen de todo conocimiento —la única base de todo lo que parece existir.
Nuestra consciencia esencial «yo soy» es así la realidad última, la fuente original de la que todo surge, y el destino final hacia el que todas las religiones y tradiciones espirituales buscan conducirnos. 

La mayoría de las religiones llaman a esta realidad fundamental «Dios» o el «Ser Supremo», o también se refieren a ella de una manera más abstracta como el estado de ser verdadero. Pero por cualquier nombre que la llamen —y ya sea que la describan como un ser o como un estado de ser —la verdad es que la realidad suprema y absoluta no es nada sino nuestro propio ser, la consciencia que nosotros experimentamos como «yo soy».

En su forma verdadera, su naturaleza esencial, Dios no es algo o alguien que exista fuera de nosotros o separado de nosotros, sino que es el espíritu o consciencia que existe dentro de nosotros como nuestra propia naturaleza esencial. Dios es la pura consciencia «yo soy», la forma verdadera de la consciencia que no está limitada al identificarse con un cuerpo físico o con cualquier otro adjunto. 

Pero cuando nosotros, que somos esa misma consciencia pura «yo soy», nos identificamos con un cuerpo físico, sintiendo «yo soy este cuerpo, yo soy una persona, un individuo confinado dentro de los límites del tiempo y el espacio», devenimos la mente, una forma de consciencia falsa e ilusoria. Debido a que de esta manera nos identificamos con adjuntos, nos separamos aparentemente de la pura consciencia sin-adjuntos «yo soy», que es Dios. Al imaginarnos así como un individuo separado de Dios, violamos su totalidad ilimitada y su unidad indivisa.

La meta interna de todas las religiones y tradiciones espirituales, es liberarnos de este estado ilusorio en el que nos imaginamos que estamos separados de Dios, la única realidad ilimitada e indivisa. Por ejemplo, en el cristianismo este estado en el que violamos la unidad y totalidad de Dios al imaginarnos como un individuo separado de él, es llamado el «pecado original», que es la causa raíz de toda miseria e infelicidad. Debido a que solo podemos devenir libres de este «pecado original» conociendo la verdad, Cristo dijo, «…conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8.32). 

La verdad que debemos conocer para ser hechos libres, es la verdad de que nosotros no somos nada sino la pura consciencia «yo soy» sin-adjuntos —ese «yo soy» que es la forma verdadera de Dios, como fue descubierto por él cuando reveló su identidad a Moisés diciendo, «YO SOY LO QUE YO SOY» («ehyeh asher ehyeh» —Éxodo 3.14).

«Conocer la verdad» no significa conocerla teóricamente, sino conocerla como una experiencia directa e inmediata. Para destruir la ilusión de que somos una consciencia individual limitada, una persona separada del todo perfecto que es llamado Dios, debemos experimentarnos como la pura consciencia «yo soy» ilimitada e indivisa. Por lo tanto, para conocer la verdad y con ello ser hechos libres de la ilusión llamada «pecado original», debemos morir y nacer de nuevo —debemos morir a la carne y nacer de nuevo como el espíritu. Por eso es por lo que Cristo dijo, «A no ser que un hombre nazca de nuevo, no puede ver el reino de DiosA no ser que un hombre nazca de… el Espíritu, él no puede entrar en el reino de Dios. Eso que nace de la carne es carne; y eso que nace del Espíritu es espíritu» (Juan 3.3 y 3.5-6).

Es decir, para experimentar y entrar dentro del verdadero estado de Dios, debemos dejar de existir como un individuo separado, como una consciencia que se identifica con la carne y con todas las limitaciones de la carne, y debemos redescubrirnos como el espíritu ilimitado e indiviso, la pura, inadulterada e infinita consciencia «yo soy», que es la realidad absoluta que llamamos «Dios». Cuando nos identificamos con un cuerpo hecho de carne, devenimos esa carne, pero cuando dejamos de identificarnos con esa carne y nos conocemos como mero espíritu, nacemos de nuevo como nuestra naturaleza original, el espíritu puro o consciencia «yo soy».

La necesidad para nosotros de sacrificar nuestra individualidad para nacer de nuevo como el espíritu, es un tema recurrente en las enseñanzas de Jesucristo. «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo: pero si muere, dará mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo la guardará para la vida eterna» (Juan 12.24-25). «Quienquiera que busque salvar su vida la perderá; y quienquiera que pierda su vida la conservará» (Lucas 17.33). «Y él que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida la perderá; y el que pierda su vida por amor de mí, la hallará» (Mateo 10.38-39). «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará. ¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mateo 16.24-26, y también Marcos 8.34-37 y Lucas 9.23-25).

Es decir, para redescubrir nuestra vida verdadera y eterna como el espíritu, debemos perder nuestra vida falsa y transitoria como un individuo. Si buscamos guardar nuestra individualidad falsa, estaremos perdiendo en efecto nuestro espíritu real. Éste es el precio que tenemos que pagar para vivir como un individuo en este mundo. 

Por lo tanto, todo lo que podamos ganar u obtener en este mundo, lo hacemos al precio de perder nuestro propio sí mismo real, el estado de perfección y totalidad (que en este contexto es lo que Cristo quiere decir con el término nuestra «propia alma»). A cambio de recobrar nuestro estado de totalidad perfecto y original, solo tenemos que abandonar nuestra individualidad y todo lo que va con ella. ¿Qué es verdaderamente beneficioso, perder el todo y ganar meramente una parte, o abandonar una mera parte a cambio del todo?

Para abandonar o perder nuestra individualidad, como Cristo había hecho, él dice que debemos seguirle negándonos a nosotros mismos y llevando nuestra cruz. Negarnos a nosotros mismos significa abstenerse de surgir como un individuo separado de Dios, que es el todo —la «plenitud de ser» o totalidad de todo lo que es. 

Llevar nuestra cruz significa abrazar la muerte o destrucción de nuestra propia individualidad, debido a que en los tiempos de Cristo, la cruz era un poderoso símbolo de la muerte, al ser el instrumento usual de ejecución. Así pues, aunque usara un lenguaje algo oblicuo para expresarlo, Cristo enfatizó repetidamente la verdad de que para redescubrir nuestra vida real como el espíritu, debemos sacrificar nuestra vida falsa como un individuo.

Este sacrificio de nuestra individualidad o identificación con la carne, y nuestra consecuente resurrección o renacimiento como el espíritu, fue simbolizado por Cristo a través de su propia crucifixión y subsecuente resurrección. Al morir en la cruz y surgir de nuevo de entre los muertos, Cristo nos dio una poderosa representación simbólica de la verdad de que para devenir libres del «pecado original» de la identificación con la carne, y con ello entrar en el «reino de Dios», debemos morir o dejar de existir como un individuo separado, y de ese modo surgir de nuevo como el espíritu puro, la consciencia infinita «yo soy».

El «reino de Dios» que podemos ver y al cual podemos entrar solo naciendo de nuevo como el espíritu, no es un lugar —algo que podamos encontrar externamente en el mundo material del tiempo y el espacio, o en algún mundo celestial llamado cielo. Cuando a Cristo se le preguntó cuándo vendría el reino de Dios, él respondió, «No viene el reino de Dios ostensiblemente. Ni podrá decirse: Helo aquí o allí; pues, ved, el reino de Dios está dentro de vosotros» (Lucas, 17.20-21).

El reino de Dios no puede encontrarse ostensiblemente, es decir, por ninguna forma de atención objetiva —mirando externamente aquí o allí. No puede ser encontrado en ningún lugar fuera de nosotros, ni aquí en este mundo ni allí en el cielo, ni tampoco es ciertamente algo que vendrá en el futuro. 

Existe dentro de nosotros ahora. Para verlo y entrar en él, debemos volver nuestra atención hacia dentro, retirarla del mundo externo del tiempo y el espacio que observamos por medio de la consciencia limitada a la carne que llamamos nuestra «mente», y volverla hacia nuestra verdadera consciencia «yo soy», que es la base y la realidad subyacente de la consciencia que observa, «yo soy fulano y mengano».

La exhortación «ved» que Cristo usó en el pasaje de más arriba es muy importante. Él no nos dice meramente el hecho de que el reino de Dios está dentro de nosotros, sino que nos exhorta a mirar y ver que está dentro de nosotros. Es decir, él no nos dice meramente la verdad que él vio, sino que nos dice que nosotros debemos verla cada uno por nosotros mismos. Esta exhortación que Cristo nos hace de no mirar aquí o allí sino ver que el reino de Dios está dentro de nosotros mismos, es la esencia de la práctica espiritual enseñada por Sri Ramana y todos los demás sabios verdaderos. 

Nosotros debemos abandonar la atención a todo lo que esté fuera de nosotros mismos, y en lugar de ello debemos volver nuestra atención hacia dentro para ver la realidad que existe dentro de nosotros.

El reino de Dios no es un lugar sino un estado —el estado de pura consciencia. Cuando lo vemos dentro de nosotros mismos volviendo nuestra atención hacia el núcleo más íntimo de nuestro ser, entramos dentro de él y devenimos uno con él. 

Éste es el estado de nacer de nuevo como el espíritu —el estado de unión mística con Dios que todos los cristianos contemplativos buscan obtener. En este estado llamado el «reino de Dios», la pura consciencia «yo soy», que es el espíritu o forma verdadera de Dios, existe y brilla sola en todo el esplendor y la gloria de su unidad indivisa y totalidad ilimitada.

Las enseñanzas de Sri Ramana arrojan así una luz fresca sobre las enseñanzas espirituales contenidas en la Biblia. De la misma manera, arrojan también una luz fresca sobre las enseñanzas espirituales de todas las demás religiones. Aunque sus enseñanzas son fácilmente reconocidas como una expresión fresca y clara de las antiguas enseñanzas del vedanta advaita, de hecho clarifican la esencia interna no solo del vedanta advaita sino también de todas las demás tradiciones espirituales. 

La verdad que él enseñó no es una verdad relativa que esté limitada a alguna religión o cultura humana particular, sino la verdad absoluta que subyace a toda experiencia humana, y que es la fuente y fundamento de las enseñanzas espirituales de todas las religiones. Por razones culturales u otras, en algunas religiones esta verdad es expresada menos abierta y claramente que en otras, pero, sin embargo, es la verdad que está en el corazón de toda religión.
Michael James




El maestro dio, de esta manera, el verdadero significado de la fe cristiana:

Jesús es el ego.
La Cruz es el cuerpo.
Cuando el ego es crucificado, y perece, 
lo que sobrevive es el Ser Absoluto (Cristo), 
y esa sobrevivencia gloriosa se llama resurrección!

Sri Ramana Maharshi 

Âtma Vichara paso a paso

Persigue inexorablemente la búsqueda del "Quién soy yo".
Analiza tu personalidad entera.
Trata de encontrar dónde comienza el pensamiento del Yo.
Prosigue con tus meditaciones.
Continúa volviendo la atención hacia adentro. (Un día la rueda del pensamiento perderá velocidad, y una intuición surgirá misteriosamente)
Sigue esa intuición, deja que tu pensamiento se detenga, y te conducirá finalmente hacia la meta.

De las Enseñanzas de Sri Ramana Maharshi